El Demonio Trnavarta ataca a Krishna

Un día, un año después de que Krishna hubiese aparecido, madre Yasoda estaba dándole palmaditas en su regazo cuando repentinamente sintió que el niño era más pesado que el pico de una montaña, y ella no podia sostener por mucho más su peso. Pensando que quizá el niño había sido atacado por algún fantasma o demonio, la asombrada madre Yasoda puso al niño en el suelo y empezó a pensar en Narayana. Previendo el desorden, llamó a los Brahmanas para que contrarrestaran su pesadez, y entoces se ocupó en sus demás asustos domésticos. Ella sintio que no tenía alternativa sino recordar los pies de loto Narayana.

Mientras el niño yacía en el suelo, un demonio llamado Trnavarta vino en la forma de un torbellino y facilmente tomó al niño lejos hacia arriba. Oscureciendo por toda la tierra de Gokula con polvo, Trnavarta empezó a vibrar con un aterrador sonido por todo lado. En un momento todo estaba cubierto de una intensa oscuridad de la tormenta de arena, y madre Yasoda no pudo encontrar a su hijo donde ella lo había dejado. Grandemente perturbada, ella cayó al suelo y empezó a lamentarse muy lastimosamente, como una vaca que ha perdido a su ternerito.

Cuando la tormenta de arena perdió poder no viendo a sri Krishna, las gopis y madre Yasoda se unieron en llantos. Habiendo asumido la forma de aquel poderoso torbellino, el demonio llevó a krishna muy alto en el cielo, pero cuando Krishna se tornó mas pesado que el demonio, este había acabado su fuerza y no pudo ir mas lejos, a pesar de que estaban a una gran altura el demonio no podia arrojar a un lado al niño ya que estaba agarrado fuertemente del cuello del demonio. Co sus ojos desorvitados el demonio perdió la vida y cayó, junto con el pequeño niño, hacia abajo a la tierra de Vraja.

Mientras las Gopis lloraban por el señor Krishna, el demonio cayó desde el cielo encima de un gran trozo de piedra, sus extremidades se dislocaron. Las Gopis inmediatamente recogieron a Krishna y madre Yasoda lo abrazo con gran felicidad pues se encontraba ileso, todos estaban extremadamente felices.